El no va más es la noticia de que unos científicos húngaros –o rumanos– habían descubierto una vacuna contra ella y el ministro de turno se la puso para demostrar… ¿qué? ¿Que un ser humano se puede inocular una supuesta vacuna destinada a los pollos? ¿Y nosotros, muertos de miedo por un virus que todavía no ha aparecido?
Todos los años estamos expuestos a que aparezcan nuevas variantes del virus de la gripe tan letales como aquella «gripe española» de 1918. Peor aún, ¿se imaginan la tragedia que supondría la aparición de una nueva cepa de ébola capaz de salir de África central?
Es un virus de fácil contagio, con una mortalidad del 50% al 90% y del que no existe cura. Lo sucedido con la gripe aviaria prueba que ciudadanos, periodistas y políticos necesitamos tener algo de cultura científica.
Para ello, debemos exigir a los gobiernos programas de calidad destinados a ello. Y esto es lo que me enfada. Pregunte a cualquier político si es necesario explicar la ciencia a la sociedad y le dirá que sí; luego, pídale que invierta dinero en ello… No sé por qué se gastan ingentes cantidades de dinero en promocionar cierta cultura y se dejan para la ciencia unas pocas migajas. Para muestra, un botón: se está celebrando el Año Mundial de la Física.
Una de las Comunidades que organiza más actividades es la de Aragón, gracias al esfuerzo personal de unos cuantos y pese a la indiferencia de las instituciones. ¿Y saben cuánto ha destinado el Gobierno de Aragón a esta celebración? 1.400 euros. ¡Einstein, ahí lo llevas!