Para Delfgaauw, cuatro son las tesis fundamentales de Teilhard de Chardin:
El cosmos en todos sus aspectos, inclusive la humanidad, debe entenderse única y exclusivamente como evolución permanente en la que cada fase tiene su propio tiempo. En principio, la materia es materia consciente, pero se requiere una existencia orgánica muy desarrollada para poder atravesar el umbral más allá del cual puede mostrarse como un consciente. En la materia opera una doble energía: por una parte, una energía tangencial, que domina a la materia en las conocidas reacciones físico-químicas de ésta, y, por otra, una energía "radial", mediante la cual la materia se constituye en unidades cada vez más y más desarrolladas. Existe un paralelismo entre complejidad y conciencia.
Rof Carballo constata un hecho que valida las directrices y conclusiones de su pensamiento: "Algo muy importante que a mí me impresiona en Teilhard es su poder adivinatorio, en este mundo en que vivimos tan acelerado. Inmediatamente después de su muerte se han empezado a realizar cosas que él adivinó". Hoy hemos de reconocer a Teilhard de Chardin como uno de los antecedentes directos de las nuevas Ciencias Emergentes, tanto naturales como sociales. Conceptos como complejidad, conciencia, evolución, humanización o noosfera son integradas cada vez por más investigadores sensibles al fenómeno humano.
En este atrio, el del siglo que se inicia, nos encontramos sumidos en un proceso crítico de evolución humana, en que una Nueva Educación es una exigencia ineludible. ¿Repensar a Teilhard? Quizá sea demasiado tarde. Quizá sea demasiado pronto. Quizá éste pueda ser el mejor de los momentos. Su obra, junto con la de Eucken o Einstein, nos enseña que:
- El universo y la vida no son inútiles o accidentales. Estamos y somos con un propósito. La existencia tiene un sentido, más allá de lo entendido como "nuestro" (sistemas, intereses, etc.): impulsar el proceso de la hominización a la humanización, construir la Humanidad. El ser humano es la flecha de una evolución cada vez más autoconsciente.
- Estamos en los primeros cm de un apasionante viaje cooperativo –la evolución humana-, que ni empieza ni acaba en nosotros. Somos el eslabón perdido de nosotros mismos y de lo que podríamos llegar a ser. Porque todo ser humano está capacitado para elevarse interiormente desde el ser que es o el bienestar que tiene, hacia un más ser para ser más y mejor. Sus fuentes de energía son de modo principal el sufrimiento humano y el sentimiento de cooperación en el mejoramiento de la vida humana. En este devenir, el pensamiento, el conocimiento y la conciencia son centrales. Conocimiento y conciencia están unidos, conectados y son accesibles.
- Lo universal es siempre mejor que lo parcial. El sentimiento de universalidad es esencial. La unión, la verdadera unión, no confunde, diferencia. La evolución humana tiene lugar hacia delante y hacia arriba, irreversiblemente, pero en espiral. La evolución es un proceso irreversible, pero no gratuito, en el que las negatividades existenciales tienden a convertirse en positividades esenciales, lo que define una directriz con que puede cualificarse el arte de vivir.
- La educación es uno de los motores principales de la evolución de la humanidad, y su sentido noogenético puede reconocerse. La autoconciencia es esencial para ser más y mejores. Esta autoconciencia puede tener varios ejes de lectura: espacial, temporal, relativa a la evolución y relativa al ser. Requiere de activación del interior (“activismo”, lo llamó Eucken) orientado a la lucha por un contenido espiritual de la vida, no sólo individual sino unánime o universal. La medida de la evolución interior del ser humano es la ausencia de ego y la complejidad de conciencia. El comportamiento básico que expresa esa complejidad superior es la elevación o el ascenso desde el interior, desde el ser que somos o el bienestar que tenemos a un más ser o un bien ser para ser más y mejores.
- Todo lo que se eleva, converge. Lo que profundiza, así mismo converge. Lo que no converge es que no se ha elevado todavía, o lo suficiente. Lo que no profundiza jamás podrá converger en lo esencial. Y lo que no suelta “lastres” o corta “amarras” no podrá tampoco elevarse. Somos libres para dudar y para optar. En la evolución humana nada se pierde. Todo trasciende: lo que se hace bien, lo que se construye peor y lo que se deja de hacer. El sentido de la vida de cada quien y de cada sistema social es una consecuencia de pensar hacia o desde la propia circunstancia. “La Luna o el dedo que apunta a la Luna”: quizá sea ésta la elección más importante de cada vida humana. Hay dos clases de vidas: la vida que muere y la vida que trasciende y que nunca muere del todo.
"La obra de Teilhard de Chardin es un rayo de luz proyectado sobre la historia universal, y merece que toda 'persona honrada' le dedique una lectura y una reflexión personales" (León-Dufour).
Las ideas de Teilhard, que continúa siendo el gran ignorado e incomprendido, siguen siendo la gran ocasión de las personas modernas para descubrirse como seres universales, en proceso compartido de evolución y creciente conciencia.