En el siglo XX, el cohete de la gran filosofía europea fue perdiendo fuerza hasta detenerse y estallar en una plétora de postmodernas luminacias de artificio: Heidegger, Husserl, Bergson, Russell y Wittgenstein, junto a algunos otros, han representado el final de una estirpe. El ya mencionado Einstein, con Planck, Bohr, Shrödinger, Heisenberg y decenas de otros cambiaron nuestra concepción de la realidad física y del cosmos. Cajal, Dobzhansky, Watson y Crick y cientos de otros hurgaron en el milagro de la vida: origen, evolución, célula, consciencia. Personajes como Keynes, Lenin, Mao o Gandhi, ese "sedicioso faquir", como le llamó Churchill, vieron sus ideas sometidas al fuego de "prueba y error" que supone su puesta en práctica, con los desiguales resultados que todos conocemos. En suma, podemos ser severos con el siglo reción extinguido, pero no olvidemos sus luces, ni tampoco a Atila y a la peste bubónica, entre una infinidad de tristes antecedentes.